
Josep Baró Parellada
historia artistica

Mi trayectoria es la crónica de una mirada que comenzó a los quince años entre pinceles y esculturas. Entiendo el diseño como un "arte aplicado" y, a menudo, anónimo: esa obra invisible que da forma a etiquetas, fachadas y objetos cotidianos sin reclamar una firma. Mi raíz siempre ha sido el dibujo puro, llenando carpetas con miles de apuntes de figura humana y perfeccionando el óleo y la acuarela. Tras décadas de oficio, hoy vivo una jubilación activa donde la curiosidad no cesa; sigo explorando la sensibilidad artística a través de nuevas herramientas como la Inteligencia Artificial, convencido de que, aunque la tecnología cambie, el criterio y el alma de la obra siguen naciendo de la mano entrenada y la observación constante.
recorrido profesional

Mi vida profesional se forjó desde la base, comenzando como aprendiz en el estudio Talamonte. Tras participar en la fundación de la empresa Imagen 4, mi etapa más sólida y prolífica llegó con la creación de Baró/Vicente, una unión que durante más de veinte años definió el paisaje gráfico de Lleida y con conexiones en Barcelona, llegando a liderar equipos de diez profesionales y abarcando desde la ilustración hasta la publicidad televisiva. Posteriormente, mi carrera se enriqueció en la redacción del diario La Mañana, donde aporté mi experiencia en el exigente mundo editorial y la infografía. Hoy, al mirar atrás, veo una trayectoria definida por la capacidad de emprender, gestionar y dejar una huella tangible en el entorno visual de mi ciudad.
evolución técnica

He tenido el privilegio de vivir la mayor transformación en la historia del diseño: el paso del tablero de dibujo al algoritmo. En 1982, intuyendo el futuro, me convertí en pionero al adquirir un Apple II para programar diseños matemáticos en BASIC, rompiendo con siglos de tradición manual. Mi capacidad técnica ha sido una adaptación permanente: dominé la impresión offset, la fotografía profesional y el complejo mundo del 3D con Maya y Blender. En mi etapa en el periódico, asumí el reto de la edición digital sin manuales, confiando en una base técnica sólida. Actualmente, disfruto de la tecnología sin presiones, utilizando la IA para seguir aprendiendo y creando, confirmando que la herramienta es solo un medio para una voluntad creativa que nunca se jubila.

Mi etapa como socio administrador de Baró Vicente fue, sin duda, el punto más alto de mi carrera en términos industriales. Construimos una empresa con un patrimonio sólido y un nombre reconocido. Sin embargo, el éxito empresarial a menudo trae consigo una lucha por el poder y una inercia que puede asfixiar la creatividad del artista.
A los 53 años, me enfrenté a la decisión más difícil de mi vida. Podía haberme quedado a defender un puesto en una estructura que ya no compartía mis valores, esperando a que los 60 años me alcanzaran sin margen de maniobra. Pero comprendí algo vital: a los 60 años uno ya no se recupera, pero a los 53 sí.